Schachdorf Ströbeck

Ströbeck es un pequeño pueblo en Sajonia-Anhalt , Alemania , cerca de la ciudad de Halberstadt. Desde el 1 de enero de 2010, es parte de la ciudad de Halberstadt . Es famosa por ser la Schachdorf (pueblo ajedrez), debido a la conexión histórica de largo con el ajedrez . El pueblo tiene unos 1.200 habitantes.
http://en.wikipedia.org/wiki/Str%C3%B6beck

La relación de esta ciudad con el ajedrez se debe a Gunzelin de Kuckenburg, Margrave de Meissen. Gunzelin fue capturado en 1009 por las tropas del obispo de Halberstadt y puesto en prisión en la torre de Ströbeck donde padeció ocho años de cautiverio. Hasta aquí, los hechos más o menos históricos. A partir de ahora, los más o menos legendarios.
Gunzelin se aburría en su cautiverio como solo los moluscos vivalvos que se alimentan de fitoplancton y viven enterrados en la arena pueden hacerlo. Para intentar paliar su aburrimiento decidió jugar al ajedrez. Talló un tablero con sus correspondientes trebejos y enseñó a jugar a sus guardianes. Esto era absolutamente necesario ya que en la época en la que transcurre la historia, principios del siglo XI, era imposible encontrar gente que supiera jugar al ajedrez fuera de los estamentos nobiliario y clerical. El hecho es que el juego fascinó a los carceleros que lo enseñaron a su vez a sus familias y a sus vecinos extendiéndose en poco tiempo por todo el término municipal de Ströbeck.

Al recobrar la libertad, y sus privilegios feudales, Gunzelin, en agradecimiento al buen trato que le habían dispensado los habitantes de Ströbeck, les otorgó la exención de impuestos siempre que en la ciudad se transmitiera de generación en generación el aprendizaje del juego del ajedrez.
Así empezó una tradición que dejó una profunda huella en las costumbres, folklore y cotidianidad de los habitantes del pueblo.
En su libro de 1616, Das Schach oder Königsspiel (El ajedrez o el juego de los reyes), Gustavo Selenio menciona Ströbeck en relación a la modalidad de ajedrez conocida como Courier game del que ya hemos hecho mención en varias entradas de este blog.
Hemos de suponer que los habitantes de Ströbeck permanecieron fieles a las recomendaciones de Gunzelin porque en en 1651 el Gran Elector Federico Guillermo de Brandemburgo regaló a los habitantes del pueblo un tablero dotado de trebejos de plata. Los trebejos terminaron desapareciendo pero el tablero aún se conserva en el museo dedicado al ajedrez que existe en el pueblo.
Una de las costumbres que se estableció era invitar a todos los forasteros que llegaban al pueblo a jugar una partida de ajedrez contra el alcalde del pueblo. A esta tradición no escaparon ni los reyes. En 1773, Federico II jugó, y perdió, cuando pernoctó en Ströbeck en un viaje por la región.
En el siglo XVII, los mozos que querían pasar por el altar tenían que "ganar" a su novia jugando al ajedrez contra el alcalde de la localidad. En caso de perder tenían que pagar un impuesto especial a las arcas municipales.
En 1823, la relación del ajedrez con Ströbeck recibió el espaldarazo definitivo al introducirse el ajedrez como materia obligatoria dentro de los planes de estudio, un caso único en aquellas fechas. El resultado a corto plazo fue que Ströbeck sea la única localidad del mundo donde todos sus habitantes saben jugar al ajedrez.
Los estudiantes compiten anualmente por ganar un tablero de ajedrez, que solo se entrega a los tres primeros de cada categoría, y que es considerado un honor por lo que ocupa un lugar preferente en el domicilio de los ganadores. Los nombres de los ganadores se graban, desde 1823, en una placa conmemorativa.
Sin embargo, en 2004, la escuela secundaria de Ströbeck tuvo que cerrar, entre las protestas de los vecinos, por no llegar al mínimo de alumnos requeridos por las leyes federales alemanas. La tradición de enseñanza de ajedrez se mantiene aún en la escuela primaria.
Desde 1926 es costumbre que grandes maestros de fama mundial disputen exhibiciones de simultáneas en el pueblo. Entre la lista de maestros figuran Berthold Lasker, Bogoljubow, Suetin, Tal, Ulhmann, Hort...
Aprovechando estas circunstancias, mitad reales, mitad legendarias (no hay noticias contrastadas hasta el siglo XVI), la ciudad de Ströbeck ha hecho del ajedrez uno de sus reclamos turísticos más importantes.
En 1991, se inauguró el único museo público que hay en Alemania dedicado al ajedrez para guardar memoria de la historia de la ciudad y de los acontecimientos vinculados al juego que conformaron su identidad.
A finales de mayo se celebra un gran festival de ajedrez que cuenta como atractivos fundamentales un torneo que reune a un gran número de participantes y una representación de ajedrez viviente que se viene representando anualmente desde 1688.

http://deludoscachorum.blogspot.com.es/2011/03/strobeck-la-ciudad-del-ajedrez.html
http://www.schachmuseum-stroebeck.de/seiten/stroebeck-e.html
http://www.edochess.ca/batgirl/strobeck.html
http://de.wikipedia.org/wiki/Schachdorf_Str%C3%B6beck

Gruss aus Ströbeck,
antigua postal paisajistica

Ajedrez de Café


Por las tardes hasta el anochecer se juega al ajedrez en el pequeño y modesto “Café-Pott” de Berlín.
Por casualidad entré como un forastero y observé unos grupos silenciosos y concentrados alrededor de un tablero de ajedrez y al mismo tiempo quedé sorprendido de otras mesas con gente ruidosa, que discutían las jugadas, entonces supe, que si quería jugar al ajedrez y medir mis capacidades con otros aficionados, había encontrado mi hogar de esparcimiento.
Pero, en seguida me di cuenta, que todos esos amantes del ajedrez no me permitirían jugar por ser un intruso en su círculo.
Mirando alrededor de las mesas, vi a un viejo con barba blanca, tomando su café y fumando una pipa.
Me acerqué y le pregunté, si estaría dispuesto a jugar una partida conmigo.
Inmediatamente estuvo conforme, colocamos las piezas en el tablero y sorteamos, a quién le tocaba empezar.
Por supuesto, el Viejo no sabía a quién tenía enfrente.
Rápidamente me di cuenta, que era uno de los más flojos adversarios de todo el café.
A pesar de todo, quiso evitar a toda costa perder.
Mejor dicho, mi contrincante encarnó un conflicto – pero también una sólida solución.
Su llave de patente para la contradicción entre ambición y capacidad deficiente la utilizó en aquellos momentos, cuando su adversario opinaba, que la partida estaba casi ganada.
El más débil reconoció la superioridad de su adversario.
Tuvo que sufrir el empeoramiento de su posición – hasta la derrota, que significó para él una insoportable pérdida de imagen.

Por esta razón, activó rápidamente el freno de emergencia en el sentido, de que comenzó a reflexionar durante cierto tiempo y más sobre su próxima jugada.
A lo más tardar, ésta se hizo esperar hasta 45 minutos y me dio la impresión, que aquel adversario poco a poco se había quedado dormido.
Lo consecuencia fue, que me vi precisado a plantearle una lógica reclamación a mi rival y le rogué moviera ficha a la mayor brevedad posible.

Todo esto me empezó a impacientar y quise conducir mi fuerte ataque hacia la merecida victoria.
Esta espera tan estéril me puso nervioso y con razón.
Lo que yo no esperaba era, que mi adversario reaccionara con una dignidad y distante incomprensión.
Tuve que escuchar por parte de él, que jugáremos sin reloj; además sin previo acuerdo establecido.
Todas mis intenciones de apelar al “fair-play” en este deporte y en las relaciones personales fueron totalmente inútiles.
Este cliente asiduo de aquel café no se dejó impresionar.

Ostentosamente llenó su pipa y pidió otro café con leche.
Quién está apremiado por el tiempo o tiene abejones en los pantalones, no debe nunca tocar las piezas del ajedrez.

Así que agoté mi paciencia y le dije:

 “¡Sí, Ud. tiene razón, mi posición ganadora perderá y Ud. es la única persona en este local, que entiende algo de   ajedrez.
  Además, solo es una cuestión de tiempo!”

Mi acentuada ironía no consiguió su meta y en el instante de expresar este último comentario, llegó la camarera y le trajo el café.

Por lo cual se subrayó, para quién era la ventaja “solo es una cuestión de tiempo”.

Tengo que confesar, que no me quedó otro remedio antes de explotar que rendir mi rey, acompañado de una burlona sonrisa por mi parte.
Me levanté y me marché. Pero “en passant” arrollé con mi manga las piezas del tablero.
Cayeron torres, alfiles y peones por doquier.
El ganador de la partida, muy sorprendido, enarcó sus cejas.

 ¡Qué mala educación!
Sorbió ruidosamente su café caliente y después se dirigió hacia el campo central de los amigos y jugadores de ajedrez.
Esperándole allí, modestamente el grupo le preguntó: “¿Quién ha ganado vuestra partida?”.

Con toda la calma del mundo contestó: “¡Yo, quién sino!”

http://www.tabladeflandes.com/frank_mayer/frank_mayer132.html