http://es.wikipedia.org/wiki/Caf%C3%A9_de_la_R%C3%A9gence
En el Siglo XVIII no existían clubes de ajedrez, por lo que aficionados y jugadores comenzaron a acudir a los cafés para poder dar rienda suelta a su pasión. Sin duda, la ciudad más famosa a este respecto fue París, el primer lugar de reunión de los ajedrecistas en esta ciudad fue el Café Procope (c/ Fossé Saint Germain). Pero los jugadores de la ciudad de la luz decidieron desplazarse a un nuevo café que abrió sus puertas hacia 1750, en la Plaza del Teatro francés, su nombre: La Regencé. Sus dueños no podían imaginar que habían fundado un local que sería recordado dos siglos después por todo el mundo del ajedrez.
En varios relatos se comenta el ambiente tranquilo que se vivía en el interior de este café, el local contaba con unos 20 tableros de ajedrez que siempre estaban rodeados por multitud de aficionados... y multitud de humo proveniente de los puros y cigarros. Las mesas estaban muy próximas entre sí, iluminadas con lámparas de gas y recibiendo calor de varias estufas; a pesar de tal hacinamiento, en el café reinaba siempre un respetuoso silencio. Allí acudían jugadores profesionales, pero también personas que sólo querían jugar una partida a la salida de sus trabajos o curiosear entre las múltiples partidas que allí se disputaban. En una habitación aparte se encontraban las mesas de billar y las mesas para jugar a las cartas (sobre todo el whist) o al dominó.

Si uno se daba una vuelta por las distintas mesas, podía ver partidas amistosas, pero también otras donde se jugaba por dinero, auténtica fuente de ingresos de varios jugadores profesionales. Los jugadores más fuertes daban 1 peón y un movimiento de ventaja, o en algunos casos una pieza de ventaja (incluso la Dama). El café era como una pequeña Torre de Babel: había rusos, griegos, ingleses, suecos, españoles... Se podían ver militares, sacerdotes, aristócratas, políticos, artistas, intelectuales... todos unidos por una única pasión: el ajedrez.
Se sabe que Rousseau era muy amigo de Philidor y disputaba partidas con éste (siempre perdía). También hay constancia de que Robespierre jugaba habitualmente contra Philidor, bueno, más bien perdía habitualmente con Philidor. El café era tan famoso que muchos escritores lo incluyeron en alguna de sus obras: Monesquieu en "Cartas persas", Lesage en "La maleta encontrada", Restif de la Bretonne en "El señor Nicolás" y en "El corazón humano al descubierto". En "El Ocho", de Khaterine Neville, parte de la trama se produce en el interior del café. Diderot comentó lo siguiente en su obra "El sobrino de Rameau":
Si el tiempo es frió o lluvioso, me refugio en el café La Regencé. Allí, me divierto viendo jugar al ajedrez. París es el centro mundial del ajedrez, y el café La Regencé el lugar de París donde mejor se juega. En casa de Rey (gerente del café) rivalizan Legal el profundo, Philidor el sutil, el sólido Mayot, allí se contemplan los movimientos más sorprendentes y se oyen las peores palabras; pues se puede ser hombre inteligente y buen jugador de ajedrez, como Legal, pero también se puede ser un gran jugador de ajedrez y un perfecto necio, como Foubert y Mayot.

En La Regencé jugaron los mejores ajedrecistas del mundo, algo no muy destacable ya que en aquella época los jugadores más importantes del planeta eran franceses (tal vez el café tuvo parte de culpa en ello). Empezando por Kermur de Legal (campeón del mundo, que realizó su famoso mate en una partida disputada en el café) que jugada por dinero y dando ventaja a sus rivales. En 1740, Legal tomó como aprendiz a un joven de 14 años llamado... Andre Danican Philidor, en el café se podía ver a discípulo y maestro jugando decenas de partidas diarias. Cuatro años más tarde, Philidor ya conseguía vencer a Legal dándole un caballo de ventaja, lo que parecía indicar que sería mejor del planeta en pocos años... si es que no lo era ya. Philidor logró derrotar a todos los rivales que se pusieron en su camino y durante décadas fue considerado el ajedrecista más fuerte del mundo. Para lograr este propósito viajó a Londres, venciendo a Abraham Janssen y al mítico Phillip Stamma en el café Slaughter. Stamma, impresionado por el juego de Philidor, enseñó a éste sus libros y le recomendó que escribiese un libro de ajedrez (cosa que más tarde hizo bajo el título de: "Analyse du jeu des Eschecs").

En el café también jugaba Lebreton Deschapelles, campeón del mundo, que tomó como discípulo a Labourdonnais. Labourdonnais fue todo un mito en la Regencé, siempre jugaba por dinero y multitud de aficionados se agolpaban alrededor de su mesa para ver las meteóricas jugadas del campeón francés (su mente trabajaba tan rápido, que a veces cogía la pieza antes de que su rival hubiese realizado su movimiento). A Labourdonnais le siguió Saint Amant, que fue el último campeón de esta gran saga de jugadores franceses que deleitaron a sus compatriotas a través del humo de un abarrotado café. Lo triste para el ajedrez es que la gran mayoría de estas partidas no fueron anotadas y se perdieron para la posteridad.
Desde mediados del Siglo XIX en el techo colgaban 4 escudos en los que se podían leer 3 nombres: Philidor, Deschapelles y Labourdonnais, el pueblo parisino rendía así un homenaje a sus grandes ídolos; en el cuarto escudo se podía ver la fecha de inauguración del café.

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