Convertido en espacio simbólico, social y onírico por los sueños que engendra, pero a la par en espacio real, rítmico, figurativo, dedicado al juego, el tablero, con sus piezas, sus jugadores y sus estrategias, es un tema que atraviesa la historia de la pintura, desde las iluminaciones medievales a los soportes pictóricos contemporáneos.
La representación del tablero y de los jugadores de ajedrez, testigo de la evolución del juego, está tambien ligada a los avances técnicos, politicos, sociales o filosóficos, tanto como otros temas clásicos de la pintura, la historia, el paisaje, el retrato, la naturaleza muerta..., o como otros temas lúdicos o de esparcimiento: jugadores de cartas, carreras de caballos, escenas de baño o de cafetines.
De formas relativamente estables, el juego del ajedrez resulta, por su diseño, un objeto fácilmente identificable en los documentos gráficos, pese a los diferentes contextos históricos en que se situe.